12 de diciembre de 2010

Articulo sobre Síndrome del Emperador

EL SÍNDROME DEL EMPERADOR:

En una sociedad en la que se premia cada vez más la permisividad a los más pequeños, surge el llamado “Síndrome del emperador” que provoca que una gran cantidad de padres opten por denunciar a sus hijos/as, por sentirse amenazados en su propio hogar.
En los últimos años, han sido más de seis mil las denuncias recibidas por parte de las familias a la Fiscalía General del Estado, las cuales sumadas a las de los padres que, por la dificultad de denunciar a tu propio hijo/a, los encubren, haciendo esta problemática más abundante de lo que nos pueda parecer.
Pero ¿qué puede llegar a ocurrir para que un menor acose a sus padres o hermanos, los amenace o incluso llegue a agredirles físicamente? Existe quien afirma que se debe a factores sociales y ambientales, y quienes añaden que también existe un factor genético o biológico. Así pues, vamos a analizar las posibles razones para que tenga lugar este comportamiento, basándonos en los estudios realizados por el Doctor en Psicología y Criminología Vicente Garrido:
No siempre puede explicarse este síndrome mediante factores educativos, ya que existen multitud de familias no marginales que no han abandonado en absoluto a sus hijos/as y que no han sido demasiado permisivos con ellos, sin embargo, han admitido sufrir de algún modo los malos tratos por parte de sus descendientes de forma continuada, sea física o psíquicamente. Por ello el Dr. Garrido nos habla de algo más allá de la educación recibida, nos habla una carencia en el desarrollo de la conciencia o la culpabilidad: El niño/a, no presenta sentimientos morales, afectivos o emocionales por su familia o el resto de las personas de su vida diaria, aunque en ocasiones se forman vínculos de amistad puramente convencionales y sin lazos de cariño, estima… Así pues, al igual que otros trastornos, como el TDAH (Trastorno déficit de Atención con Hiperactividad), existe base genética (dificultad a la hora de comprender o percibir las emociones morales), interactuando con el factor ambiental, el cual puede compensar al otro de cierta manera. Esto ocurre porque, aunque es cierto que el dar un NO a un niño/a, en ocasiones puede resultarnos difícil al resto de los adultos, es imprescindible para un menor, conocer sus propios límites, es decir, diferenciar el bien del mal; incluso la situación familiar y matrimonial, si el hijo/a fue o no deseado, el carácter de los progenitores, etc. pueden ser perjudiciales para el niño con dificultades para comprender las emociones, convirtiéndole en un niño agresivo, sin empatía, que no se preocupa del mal de los otros y actúa por propia conveniencia sin medir las consecuencias de sus actos. En cambio, si el niño/a es educado de forma correcta, rodeado de valores positivos, se siente útil, se confía en él… el niño/a puede llegar a autocontrolarse, es decir, aunque llegue a sentir impulsos violentos, es capaz de reducirlos, pues es consciente del daño que puede llegar a causar a sus seres queridos. No podemos olvidarnos también de la excesiva permisividad social: cada vez más, los adultos, profesores, etc. se sienten sin autoridad sobre sus hijos/as o alumnos/as, provocando que la convivencia se haga más difícil en los hogares, las aulas y las calles. Todo ello contribuye a que los niños/as y jóvenes tengan menos normas y actúen por propia iniciativa sin responsabilizarse de sus actos.
Con respecto a los malos tratos que pueden llegar a ejercer estos niños/as sobre sus padres y familiares podemos hablar de maltrato físico y psicológico:
* El maltrato físico es el caso extremo del síndrome del emperador: Se trata de agresiones de cualquier tipo, con una sola intención: hacer daño.
* El maltrato psicológico busca ridiculizar a los padres y hacerlos sentir mal. Se trata de intimidaciones, burlas en público, ironías, insultos, manipulaciones…
Debemos diferenciar entre un niño/a caprichoso y otro con el síndrome del emperador, pues existe como hemos explicado una base biológica además de una educativa. De esta forma, el niño/a caprichoso puede llegar a ser autoritario, egoísta… pero sería necesario averiguar si existen en él rasgos psicóticos, de falta de empatía, moral o ausencia de culpa para hablar de un niño/a con este trastorno.
En cuanto a qué hacer cuando se presenta en una familia un niño/a con este síndrome, es preciso tener en cuenta que es muy difícil cambiar la personalidad de una persona, pero lo que sí es posible es actuar para mejorar su conducta, de forma que ésta no sea peligrosa ni violenta.
Lo que debemos tener en cuenta será lo siguiente:
* Los niños/as, necesitan desde que son pequeños, que alguien les guíe y les oriente sobe su comportamiento y estos niños/as, aún más. Será necesario comenzar por lo más básico: irse a la cama, lavarse los dientes, ordenar los juguetes… para poco a poco ir más allá: respetar a los padres y abuelos, hacer caso a la señorita o al maestro…
* Además, no se le puede tener miedo a la palabra NO. En ocasiones los padres no quieren contradecir a sus hijos/as, ya que a causa del trabajo, los ven menos y se sienten culpables, pero aún así, deben entender que por el bien de su hijo/a, éste no puede conseguir todo lo que se propone con sólo pedirlo, por lo que es necesario negarle algunas cosas.
* Con respecto a sus obligaciones: estos deben conocerlas y cumplirlas, con el fin de crear en ellos un sentimiento de responsabilidad.
* Se les debe ayudar a desarrollar la conciencia y las emociones morales, dándoles la oportunidad de realizar actos voluntarios y altruistas con el fin de que aprendan lecciones morales.
* También es preciso no consentirles comportamientos tiranos con sus familiares o amigos, pues este puede ser el origen de un maltrato posterior.
* No tolerar la violencia ni el engaño en su día a día, fomentando actitudes colaborativas, empáticas…
* Los padres deben aceptar el problema: no por negarlo van a hacer que el maltrato desaparezca, todo lo contrario, pueden contribuir a que el niño/a cada vez sea más fuerte y ellos, pierdan la poca autoridad que les queda con respecto a él.
Para finalizar, Marrodan (Aurora, 2009) nos dice que “La virtud esta en el punto medio ni dándoles todo ni negándoles todo”, lo cual deja ver que tanto los padres como la sociedad, han de ser permisivos, aunque no excesivamente, con los menores y jóvenes.




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